Porchester y un paseo por el campo

El viernes después del trabajo invité a cenar a Ben en agradecimiento por haberme regalado la tele. Fuimos al mexicano que hay en Ocean Village. Tendré que repetir la invitación porque la comida fue de lo más cutre. 100% cocinada al microondas. Estábamos cenando cuando me llamaron dos amigas españolas para tomar algo. Quedamos en la calle Oxford y al rato nos juntamos con el primo recién llegado de una de ellas. En total una “granaina” (Amalia), dos canarios (María y Sergio) y yo. Spanish party!!!!

Al día siguiente me propuse hacer una salida turística corta ya que estaba algo cansado y sabía que por la noche íbamos a tener guerra. Mi primer destino fue Porchester Castle.





Los romanos construyeron en Porchester una base naval en el sigo III cuando Marco Aurelio ordenó limpiar de piratas el Mar del Norte. Siglos más tarde, el obispo de Winchester regaló el lugar a Eduardo, rey de los sajones, en el año 904. Durante este período se construyó una torre en su interior. En 1066 William el conquistador entregó Porchester Castle a uno de sus mayores aliados. Durante los años siguientes la torre fue reformada y ganando altura hasta lo que es hoy en día. Actualmente, el conjunto está formado por las murallas romanas, el castillo normando y un pequeño monasterio inaugurado en el año 1128.



Porchester Castle con la bahía de Portsmouth al fondo.

 
La siguiente parada fue las ruinas de Titchfield Abbey. Inaugurada en el siglo XIII sirvió como abadía hasta el año 1537 en que fue reconvertida en mansión por el conde de Southampton. Se cuenta Shakespeare era amigo de la familia y que las primeras representaciones de “Romeo y Julieta” y “Sueño de una noche de verano” tuvieron lugar aquí.




 
Con la muerte del cuarto conde de Southampton, Titchfield perteneció a varias familias hasta que fue desmantelada en 1781.


La tercera etapa me llevó a Holly Hill Woodland Park. La historia del parque se remonta al siglo XIX cuando los sucesivos propietarios fueron agrandando los lagos y plantando nuevas especies exóticas. Dentro del parque se pueden seguir una de las 15 rutas establecidas (la más largas son caminatas de 2 horas) o simplemente pasear guiándote por las señales en el camino. Yo opté por la segunda opción. Me moví por la zona de los lagos y me llevó 2 horas y media dar la vuelta completa (y eso que no me paré a alimentar a los patos).





Regresé a Southampton a las cinco de la tarde. Tras pensarlo un rato decidimos ir a cenar a un tailandés cercano a mi casa. Lo cierto es que nunca había probado esta comida y me llevé una sorpresa agradable. Es una comida algo picante pero me gustó y además no fue excesivamente caro (ya sé donde voy a dar las gracias a Ben por su regalo). Tras la cena nos juntamos todos “spaniard” de nuevo. Estuvimos bebiendo “zumos” hasta las cuatro. Una hora más que de costumbre porque esa noche a las tres eran las dos.