Romsey

Llegó el fin de semana y yo resfriado. En principio la noche del viernes, Halloween, elegí la opción más tranquila, un par de copas con dos ingleses en vez del desmadre con los alemanes. Lo cierto es que tampoco estaba para muchas florituras y para mí fue suficiente.

El sábado me decidí por visitar Romsey. Se trata de un pueblo cuyo origen se sitúa en el siglo VII, durante la etapa de los Sajones. En su época dorada el comercio era su principal actividad. Era famoso por sus mercados y porque el río Test proporcionaba el caudal necesario para que proliferaran molinos a lo largo de sus cauce. Los primeros que se conocen datan del año 1086. Con la llegada del ferrocarril comenzó el declive de Romsey que vio como los viajeros ya no paraban en su camino.

Como siempre comencé por el Tourist Information Center. Para llegar aquí atravesé los jardines de King John’s House, la propia casa y Tudor Cottage. Se trata de una construcción del siglo XIII que actualmente aloja un bar y puede ser alquilada para fiestas privadas.


Con el bolsillo lleno de folletos atravesé la calle y entré en los terrenos de Romsey Abbey. Desde el principio el crecimiento de Romsey estuvo ligado a la abadía. Su construcción nos lleva al año 1120.



 
En 1539 la Abadía de Romsey fue disuelta por Enrique VIII durante la disolución de los monasterios. Cinco años más tarde el edificio fue comprado por los habitantes de Romsey. El precio, 100 £.

Seguimos hacia el sur por un camino que nos lleva al War Memorial Park dedicado a la primera Guerra Mundial. Continuamos por la senda hasta llegar a Sadlers Mill, uno de los molinos que quedan en Romsey y que actualmente es una residencia privada.

Desafortunadamente, el tiempo no me acompañó en esta ocasión y decidí no seguir por el campo. De vuelta al centro pude ver Abbey Gateway (la entrada a la abadía), la estatua de Lord Palmerston y Tudor Rose (casa del siglo XV) para llegar a Corn Market donde finalmente me compré una hogaza de pan casero. Lástima que me faltara el jamón ibérico.