Visita familiar (parte 1)

¿Cuántos lugares pueden visitarse en tan sólo dos días? La respuesta es muchos. Este fin de semana ha quedado demostrado tras la visita de mi hermana Ainhoa. El viernes llegamos sobre las once y media de la noche a Southampton tras el viajecito desde Stansted Airport. Salimos a cenar y de vuelta vimos un poco la vida nocturna de la ciudad.

A la mañana siguiente cogimos el tren de las diez para llegar a Waterloo Station una hora y media más tarde. Lo primero que uno hace al llegar a la estación es tomar aire y preguntarse, y ahora hacia donde. Tras unos minutos de reflexión tomamos el metro en dirección a Camden Town. Como ya os he contado anteriormente se trata de un mercado donde es posible encontrar casi cualquier cosa. Lo cierto es que nos pasamos toda la mañana caminando entre ropa, antigüedades y olor a comida.

Tras llenar nuestros estómagos de comida Thai nos bajamos al centro. Nuestra primera parada fue uno de esos lugares especiales que tiene toda ciudad. Metido en un callejón llegamos a Neal’s Yard en Covent Garden, un patio con fachadas de muchos colores y algunos negocios como un restaurante vegetariano. Realmente curioso.





Seguimos hacia el sur hasta Trafalgar Square, una inmensa plaza presidida por la columna de Nelson. Se trata de un monumento de 50 metros de altura erigido en recuerdo de la batalla de Trafalgar en la que el Almirante Nelson derrotó a la flota franco española mucho más numerosa el 21 de octubre de 1805. A su alrededor se encuentran la iglesia de St. Martin in the Fields, la National Gallery y la National Portrait Gallery.




La siguiente visita nos llevó al Palacio de Buckingham a través de The Mall en un camino que discurre paralelo a los jardines de St. James. En sus alrededores hay algunos edificios vigilados por la guardia real.



Atravesamos Green Park para adentrarnos en Bond Street. En esta calle se concentra lo más lujoso de Londres. Es muy fácil ver supercoches aparcados en la puerta de las boutiques y de las joyerías de las marcas de lujo que todos conocemos. Nosotros entramos en Charbonnel et Walter, una chocolatería fundada en 1875, donde nos permitimos un pequeño lujo.

Continuamos por Regent Street, iluminada por las luces de Navidad, para llegar a Piccadilly Circus, otro de los grandes centros de atención de Londres. Es especialmente interesante de noche cuando la iluminación da vida a esta plaza.




Tras seis horas de paseo llegamos a nuestra última etapa, Westminster. Se trata del centro político y religioso del país. En este lugar se ubican el Big Ben, las casas del Parlamento y la Abadía de Westminter. El Big Ben es el monumento que todos los turistas visitamos al llegar a Londres, es el principal icono de la ciudad y por el que todos la conocemos.




La Abadía de Westminster es famosa entre otras cosas por ser el lugar donde se celebró el funeral de la Princesa Diana de Gales y por desarrollarse una importante escena de la novela “El Código da Vinci”. Curiosamente, a pocos metros de allí, se celebraba una fiesta en las Casas del Parlamento. Había gente de etiqueta por todos lados. A pesar de estar invitados no tuvimos tiempo para comprar en Dolce & Gabbana, así que declinamos la invitación prometiendo que no faltaríamos al próximo evento.

Cruzando el puente de Westminster divisamos London Eye, una gigantesca noria desde la que se puede divisar toda la ciudad.





Por último, nos dimos la vuelta y miramos al Big Ben antes de regresar a Southampton pensando en todo lo que nos habíamos dejado por el camino.