Visita a Stirling

Para terminar con la serie de artículos “Yo estuve en Escocia” hablaremos esta vez de Stirling. Si bien ya se comentó algo cuando escribimos sobre William Wallace, lo cierto es que ciudad merece algo más extenso. En el año 1124 recibió la Carta Magna que le otorgaba el status de ciudad. Este reconocimiento vino dado por su situación estratégica y la convirtió en una de las poblaciones más importantes en la Edad Media. Desde ella se controlaba el único paso del Río Forth ya que las tierras colindantes eran pantanales y ciénagas imposibles de cruzar para las tropas de la época.

Comenzamos nuestro periplo cruzando el Río Forth a través del histórico Puente de Stirling desde el que se divisa el castillo en lo alto de una colina.

Castillo de Stirling y abajo en el centro el viejo Puente de Stirling

Puente de Stirling

William Wallace

William Wallace fue un personaje histórico conocido por liderar la resistencia durante la Guerra de Independencia de Escocia contra los ingleses. Hoy es recordado como un héroe. Mel Gibson nos lo contó de forma poco realista en Braveheart (1995) a lo largo de 3 horas de película. De origen humilde, nació en 1270 e inicialmente fue educado para servir a la Iglesia. Dadas las circunstancias de la época pronto salió a relucir su genio para luchar contra los ingleses y parece ser que la naturaleza le había dotado para ello, no en vano, medía alrededor de 2 metros.

Espada de Wallace, sólo mide 168 cm. de punta a punta

Hacia 1296 Escocia sufrió una invasión por parte del ejército inglés. Un año más tarde empezó a oírse el nombre de un tal William Wallace por Inglaterra, un agitador que estaba animando a la población para rebelarse contra ellos. Poco a poco los escoceses iban ganando terreno a los ingleses. Con el norte de Escocia en manos de los rebeldes todo indicaba que los ingleses no habían dicho su última palabra en esta guerra y que estaban en vísperas de una gran batalla que, como se presumía, pasaría a la historia.

Un día en Edimburgo (parte 2)

Seguimos pateando Edimburgo. Tras “admirar” el estilo decorativo del Palacio de Holyroodhouse en un paseo que te lleva por salas repletas de cuadros antiguos, decidimos que era hora de cenar algo antes del gran evento de la noche. Así, desandamos el camino hasta llegar a Deacon Brodie's Tavern, el pub más famoso de la ciudad situado en la esquina de Lawnmarket (parte de la Royal Mile) y Bank Street (una de las avenidas que suben desde Princes Street). Deacon Brodie (1741-1788) era un habilidoso carpintero y miembro del consejo municipal. Era un personaje muy respetado en la época. Pocos sabían que llevaba un que llevaba una doble vida como jefe de una banda de ladrones, parte para pagarse sus vicios y parte porque disfrutaba con ello. Brodie tenía el trabajo perfecto para sus actividades nocturnas porque fabricaba cerraduras. La tentación era grande y el muy cab…. se hacía copias que luego utilizaba para asaltar las casas con dos socios. Su último crimen fue un asalto a la Oficina de Impuestos situada en Cannongate. La idea resultó desastrosa y uno de sus compinches fue detenido y lo cantó todo. Brodie escapó a Holanda pero poco después fue detenido en Ámsterdam y llevado de vuelta a Edimburgo para ser juzgado. Fue condenado a ser ejecutado el 1 de octubre de 1788. Con la esperanza de sobrevivir al ahorcamiento sobornó al verdugo para que le dejara llevar un collar metálico que detuviera el nudo de la horca. A pesar del acuerdo y un arreglo para que lo descolgaran rápidamente no pudo sobrevivir. Lo más curioso del asunto es que fue colgado de una horca que poco tiempo atrás él mismo había rediseñado y que durante la ejecución no paró de jactarse de que iba ser ejecutado con la horca más efectiva del mundo. Se dice que la doble vida de Brodie sirvió de inspiración a Robert Louis Stevenson, cuyo padre tenía muebles fabricados el mismo Brodie, para escribir “El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde”.

Deacon Brodie´s Tavern

Un día en Edimburgo (parte 1)

Bajábamos las escaleras del avión cuando una lluvia de agua fina, de esas que te va mojando poco a poco, nos dio la bienvenida. Eran las 8 de la noche y, aunque estaba anocheciendo, aun podíamos ver las nubes que nos recordaban que habíamos puesto los pies en tierras escocesas, “donde siempre llueve”. Tras una buena cena compuesta por chuletas de cordero en un típico mesón en el que todo huele a antiguo nos dirigimos a Falkirk donde nos nuestro anfitrión nos tenía preparada una habitación.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano para iniciar un largo día de visita a Edimburgo. Esta ciudad es la capital de Escocia desde 1437 aunque sus orígenes datan de mucho más atrás, aproximadamente del siglo XII. La ciudad se asienta en donde millones de años atrás hubo un glaciar, así Old Town se encuentra en una de las riberas, New Town en la opuesta y en la depresión central causada por la erosión del hielo los “Princess Street Gardens” que parten el centro histórico de Edimburgo en dos. En 1995 Old Town y New Town fueron declarados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Old Town conserva su estructura medieval y muchos de sus edificios de la Reforma Protestante (s. XVI). La calle principal es la Royal Mile que nos lleva desde el Palacio de Holyroodhouse hasta el Castillo de Edimburgo en la parte alta de la ciudad. New town se construyó en el siglo XVIII como un ensanche para solucionar los problemas de masificación que sufría la ciudad en Old Town.

A primeras horas de la mañana, el tiempo aun seguía lluvioso y la bruma aun no se había levantado del todo. A pesar de estas condiciones nos dirigimos hacia Calton Hill para poder disfrutar de una vista general de la ciudad. En el camino pudimos visitar la tumba del filósofo David Hume en el Cementerio Antiguo.

Tumba de David Hume junto al memorial a los soldados escoceses caídos en la Guerra Civil Americana