Amberes: diamantes y chocolate

Hace muchos años un gigante llamado Druoon Antigoon vivía en el río Escalda. Con una gran visión comercial, el tipo se había montado un negocio de aduanas en la desembocadura y cobraba un peaje a todos los barcos que por allí querían pasar. Para aquellos que cruzaban sin pagar les tenía reservado un precio especial, cortaba la mano del capitán y la lanzaba al río. Harto de tanto abuso Silvio Bravo, un soldado romano, se vengó del gigante dándole su propia medicina. Le cortó la mano y la arrojó al río. Este leyenda es el origen del nombre de la ciudad de Amberes (Antwerpen), Ant = Mano y Werpen = Lanzar.

Silvio Bravo en Grote Markt

Hoy en día Amberes es más conocida como la capital mundial del comercio de diamantes. Tras una visita al Museo de los Diamantes aprendemos que nada menos el 80% de los diamantes en bruto del mundo vienen a esta ciudad y que el 50% son cortados y pulidos en talleres locales. Justo a su lado encontramos la Estación Central, una estación de “categoría” cuyo interior alberga no menos de 10 joyerías de diamantes.

Central Station

Saliendo por uno de sus laterales nos topamos directamente con el distrito de los diamantes, más y más joyerías donde comprar uno de esos caros cristalitos. Contrariamente a lo que uno espera, el lugar lejos de ser un lugar limpio y sofisticado parece más un barrio de mala muerte.


9 joyerías una tras de otra

¿Quién quiere uno?

Después de tanto brillo nos dirigimos a la casa taller del famoso pintor flamenco Rubens, íntimamente ligado con esta ciudad. Aquí es donde vivió sus últimos 29 años y concebió la mayor parte de su obra.


Casa-taller de Rubens

Retrato de Rubens

Al salir ponemos nuestros ojos en una gran torre que sobresale por encima de todos los edificios. Se trata de la imponente Catedral de Amberes (Our Lady´s Cathedral). En la Edad Media la iglesia se había quedado pequeña para una ciudad en constante crecimiento y decidieron que era momento qde contruir un templo como Dios manda. Comenzaron en 1352 y nadie imaginaría que casi 200 años más tarde el proyecto estaría sin terminar. Finalmente, en el siglo XVI, las autoridades locales decidieron parar y por eso nunca se construyó una segunda torre.


Catedral de Nuestra Señora

El interior de la catedral es rico en obras de arte y más parece un museo que un lugar de culto.


A destacar las piezas talladas en madera llenas de miles de detalles, como el increíble púlpito o el impresionante coro que me recordó mucho al que ví hace años en Salamanca.

Púlpito

Coro

Junto a la catedral se encuentra Grote Markt, la Plaza del Mercado, el lugar donde se reunen todos los turistas para contemplar el ayuntamiento, la estatua de Silvio Bravo (primera foto) y las casas de los gremios.


Grote Markt

Seguimos caminando hasta la zona del puerto donde nos topamos con un gigante que guarda el Castillo Steen, una fortaleza construida en el siglo XIII que tras sucesivas reformas ha quedado bicolor, la piedra oscura pertenece a la construcción original y la más clara a una gran reforma acometida en el siglo XVII. Lo que hoy queda es una pequeña parte, restos de una demolición que dio paso a la ampliación del puerto.

Lange Wapper, un gigante perteneciente a las leyendas de la zona

Por último, no podíamos irnos sin probar el famoso chocolate belga, una delicia incluso para los que no somos amantes del dulce.