Viena, una ciudad imperial (parte 2)

Continuamos nuestro paseo vespertino por Viena tomando el metro. Nada más salir de la parada de Karlsplatz nos topamos de frente con la Iglesia de San Carlos. Es otra construcción barroca famosa por las dos columnas que flanquean su entrada. En 1713 Carlos VI quiso construir una iglesia a su santo favorito, Carlos Borromeo, al considerar que había acabado con una plaga que azotó el imperio. Finalmente 1737 vio finalizado el proyecto.
Salida del Metro en Karlsplatz
Iglesia de San Carlos

El corazón de Viena es prácticamente peatonal con carros de caballos incluidos. Se encuentra envuelto por un conjunto de calles en forma de anillo (Ringstrasse) y el Río Danubio. De hecho cada una de estas calles tiene la palabra anillo en su nombre (Schubertring, Opernring, etc). Toda la zona está llena de tiendas y negocios. Destaca en pleno centro la Catedral de San Esteban.

Catedral de San Pedro

Se trata del centro religioso más importante de Viena. Su techo multicolor y la torre de 137 metros de altura se venden como la postal típica de la ciudad. La catedral actual es producto de múltiples reconstrucciones y ampliaciones, así, su estilo es una mezcla de románico y gótico. Para que os hágais una idea de todo lo que ha visto este lugar sus orígenes se remontan al año 1160. Durante la Segunda Guerra Mundial sufrió un incendio gravísimo que provocó el hundimiento del techo, afortunadamente las reliquias del interior habían sido protegidas aunque no todas pudieron salvarse. Su restauración comenzó casi inmediatamente y para 1952 fue abierta de nuevo.

La obra de arte más destacable es el púlpito, una auténtica obra maestra tallada en piedra. A lo largo de sus caras están esculpidos los bustos de los cuatro santos de la iglesia y debajo de la escalera un autorretrato de su desconocido autor (el “Fenstergucker”).

Púlpito

Bajo el suelo de la catedral se encuentran las catacumbas. Desde la época de los romanos éste fue un sitio de enterramientos, los nobles en el interior y la gente “llana” fuera del recinto. Debido a la peste negra que asoló Europa decidieron trasladar las tumbas al subsuelo. Se calcula que hay restos de unas 11.000 personas enterradas. Lástima que no hubiera tiempo para bajar.

Tumba del Emperador Frederick III esculpida en mármol rojo y que llevó la friolera de 45 años de trabajo

Como cotilleo final os cuento que Mozart se casó en este lugar, aquí bautizó a dos de sus hijos y su funeral se celebró en una de las capillas junto a la entrada. También se cuenta que Beethoven descubrió la gravedad de su sordera cuando un día vio como los pájaros volaban al repicar las campanas al tiempo que él no podía oir su sonido.

Caminando unas pocas calles, a corta distancia de la catedral, se encuentra la Iglesia de San Pedro. Su apariencia externa no da pistas de su tesoro interior. Su construcción comenzó en 1701 y tras varios cambios de arquitecto fue consagrada a la Santa Trinidad en 1733. He de decir que nada más entrar casi me caigo de espaldas, deslumbrado.

Altar de la Iglesia de San Pedro

Tanta riqueza se confirma al salir. Resulta que junto a la puerta me encuentro con cientos de estampitas del “santo” Don José María Escrivá de Balaguer. Al llegar a casa encuentro en internet que en 1970 “Peterskirche” fue transferida por el Arzobispo de Viena al Opus Dei. ¡Pobrecitos!.
Techo de la Iglesia de San Pedro


Bordeando el Ringstrasse hacia el norte nos encontramos más edificios históricos. El parlamento y el ayuntamiento se encuentran puerta con puerta. Y en la acera de enfrente el complejo perteneciente al Palacio Imperial. Algunos teatros, museos y más iglesias llenan el paseo.

Parlamento

Ayuntamiento

Creo que esto es todo. Jejeje. Tres días no dan para mucho y os aseguro que me he dejado más cosas en el tintero de las que me ha dado tiempo a ver. Por ejemplo, me hubiera gustado asistir a una ópera o ver más edificios “por dentro”. Otra vez será.

Por último, no quisiera olvidarme de la atención exquisita recibida de Emanuele, Javi y Vincenzo. Gracias.