Vaya, vaya, aquí si hay playa

Por su situación geográfica, el tiempo en esta zona de Europa cambia de manera radical en pocas horas. Las últimas semanas aunque llenas de sol han sido muy frías, rozando los cero grados en muchas ocasiones. Este fin de semana todos los elementos se han juntado para llegar a incluso hasta los 20 grados. No obstante, el domingo por la tarde, a la hora de escribir estas líneas el cielo se volvió a cubrir de nubes. No se me ocurre peor trabajo que el de meteorólogo en Holanda.

Aprovechando la visita de unos colegas y un tiempo más que bueno nos acercamos al mar. La tarde del sábado frente a Hellevoetsluis rodeados de gaviotas que se disputaban las patatas fritas que les tirabamos.




A pesar del aspecto nublado del cielo hacía calor. Lo primero que hicimos fue extender una toalla y tirarnos sobre ella para tomar el sol. Vimos unos valientes que se dieron un chapuzón así que al rato fuimos a medir la temperatura del agua con los pies.  



Tras activar la circulación corporal nos acercamos a los “chiringuitos”. El Beachclub Havana es un restaurante-discoteca donde se puede comer por el día y salir de fiesta por la noche, todo al lado del mar. Lo cierto es que la “beautiful people” que frecuenta el lugar nos da una idea del status de los habitantes de Rockanje. No quiero (mejor, si quiero) pensar cómo se pondrá esto en verano.

Nada mejor para terminar un fin de semana que precede a cinco días de visita familiar donde disfrutaremos de “pintxos” y vino Rioja.

El domingo salimos a un pueblecito llamado Rockanje. No lejos de donde vivo. El núcleo urbano está rodeado de verde hasta el punto de que para llegar a su costa hay que cruzar un bosque. Una vez terminada la travesía llegamos a una playa kilométrica de arena fina.