La fortaleza de Brielle

Aprovechando un hueco entre las nubes el viernes pasado me acerqué una vez más a Brielle. Para hablar de este pueblecito debemos dar un salto en el tiempo, hasta el año 1572. Estamos inmersos en la Guerra de los Ochenta Años que enfrentó a la resistencia holandesa contra los ocupantes españoles. El 1 de abril se produjo la histórica Liberación de Brielle. Confiadas por esta victoria otras muchas poblaciones fueron rebelándose contra Fernando Álvarez de Toledo, 3er Duque de Alba, en apoyo de Guillermo de Orange, el instigador. El conflicto terminó en 1648 con el reconocimiento de la independencia de los Países Bajos.


Actualmente este acontecimiento histórico sirve de excusa para organizar una celebración anual en plan “La Guía” de Portugalete. Para los que no me entendáis, la gente sale de fiesta desde la mañana hasta que el cuerpo aguante. El pasado 1 de abril vine por aquí y me resultó chocante ver mucha basura, banderas españolas en cada calle (¡más que en España!) y mucha gente “chisposa”.


Dejando la parte lúdica a un lado, Brielle ofrece muchas más cosas a pesar de ser un pueblo no muy grande. Durante la edad media fue un importante puerto pesquero y comercial cuyas redes llegaban hasta numerosos países. Tuvo su propia sucursal en ¡Suecia!. La Iglesia de Santa Catalina es originaria de esos días. Durante su construcción hubo muchas ganas de hacer algo grande. Desafortunadamente en los siglos XV y XVI no había mucho dinero así que nunca llegaron a cumplirse esos sueños. De la idea inicial sólo quedó una pequeña nave y una sección de la torre inicialmente proyectada (1462-1482). El 15 de junio de 1575 vivió su momento de gloria con la boda de Guillermo de Orange y Carlota de Borbón.

 Iglesia de Santa Catalina

Su interior es muy austero y no cuenta con grandes elementos de interés. Un órgano cubierto de andamios, unos pocas vidrieras y un púlpito de madera es todo lo que pude ver.


Lo más destacable es subir a lo alto de la torre para disfrutar de una vista sobre el pueblo con Rotterdam y el Europoort de fondo. En todo caso, la vista desde arriba no es nada del otro mundo.

60 metros sobre Brielle

Tras la “reconquista” los habitantes sustituyeron las antiguas murallas medievales por una fortificación mucho más moderna en un proyecto que se extendió hasta 1713. Como en el caso de Hellevoetsluis nos encontramos con un perímetro defensivo en perfecto estado de conservación. Las fotos aéreas hablan por sí solas de su espectacular diseño.

Brielle desde Google Maps

Dada la posición administrativa de la que gozaba, Brielle fue dotada de numerosas instalaciones propias de una ciudad importante. Puestos de vigilancia, una prisión militar, un arsenal y un hospital no eran cosa común en la época.
  
El antiguo arsenal es hoy la biblioteca municipal

El Museo de Historia Den Briel se encuentra en lo que fue la antigua prisión (1623)

Puente sobre el Binnenhaven

Dos casas del 1600 en Maarland Noordzidje (no eran las únicas)

Calle Voorstraat con la Iglesia de San Jacobo al fondo (1652)

No todo es antiguo, Molino (1985)

Con el paso de los años y la construcción de nuevas zonas industriales como el Europoort y Maasvlakte, el declive económico de Brielle fue aumentando. Hoy en día viven del turismo. Sus calles están salpicadas de numerosas galerías, tiendas especializadas y restaurantes.

Taller de pintura en Voorstraat

Todo el pueblo transmite un sabor especial, me refiero a que es un lugar tranquilo donde no hay edificios modenos, salvo contadas excepciones, ni construcciones fuera de lugar. En resumen, un buen sitio donde pasar el día tomando unas cervezas, degustar dulces o comprar algún artículo de artesanía para adornar la casa.