Un paseo por Delft


Esta ciudad como pocas reune todos los elementos que distinguen a la “típica” ciudad holandesa. En su casco histórico, rodeado de canales, encontramos las casas inclinadas al estilo “Torre de Pisa” que ya vimos en la parte vieja de Amsterdam. Situada entre Rotterdam y La Haya, Delft fue fundada en el siglo XIII y se la conoce por su cerámica decorada en azul y por ser el lugar donde nació el pintor Johannes Vermeer. También está muy relacionada con la Casa de los Orange ya que Guillermo de Orange, líder de la resistencia holandesa contra España, estableció aquí su residencia en 1572.

Delftware

 Sepulcro de Johannes Vermeer

Tras una mañana perezosa nos ponemos en marcha y llegamos a eso de las 12 del mediodía. Dejamos el coche en uno de sus aparcamientos públicos a razón de 2 euros cada hora. No os equivoquéis, el lavado no va incluido en el precio. Nada más salir a la superficie seguimos dos picos que nos indicaban el camino a seguir. Así, sin buscarlo, comenzamos nuestra visita por la iglesia de San José construida por los padres franciscanos en 1882. A pesar de su oscuridad se adivina un gran colorido en su interior y destaca, junto al altar mayor, un púlpito decorado con tres escenas de la vida de San Francisco de Asís.


Púlpito

Caminamos hacia el norte y vemos que al menos éste sábado toda la ciudad es un mercado callejero de antigüedades, comida y flores. Llegamos a la Plaza del Mercado, presidida por el ayuntamiento y la impresionante Niewe Kerk (Iglesia Nueva).

Ayuntamiento




Niewe Kerk

Cuenta la leyenda que, en enero de 1351, estando un mendigo en la plaza vio como el cielo se “abría”, arrodillado como estaba una persona se le acercó para darle comida y compartió su misma visión. Durante los años siguientes, ese mismo día de enero Jan Col siguió viendo esa “claridad celestial” en el lugar que le había indicado el mendigo. El gobierno local interpretó que era una señal divina y erigió una iglesia en honor de la Virgen María. Como ya había otra iglesía no se rompieron mucho la cabeza a la hora de bautizarla como la Iglesia Nueva. Tras su construcción desapareció la vision anual del Sr. Col. Internamente es muy austera nada que ver con la anterior y su principal interés es el panteón real (no abierto al público) y sus vidrieras.


Entrada al panteón, bajo el suelo de la iglesia

Guillermo de Orange

La resurrección de Jairo. Ciertamente es una vidriera muy moderna.

Cruzando la plaza llegamos a Oude Kerk, la Iglesia Vieja. Se trata de una construcción de 1246 consagrada a San Hipólito y es tan austera como la anterior. Su torre está visiblemente inclinada y en su interior su principal atractivo son sus vidrieras y la tumba de Johannes Vermeer, mostrada más arriba.


Ouke Kerk desde el Canal de Oude Delft

La última cena

Tras la parte cultural callejeamos siguiendo los puestos del mercado. El olor a fruta, pan y flores se mezcla en el ambiente. Parándonos aquí y allá, compramos algo de pan “de pueblo” recién horneado y manzanas orgánicas.


Antes de irnos no quisimos dejar de ver Oostpoort, la puerta de la ciudad que data del siglo XV. Numerosas reformas posteriores le han dado el aspecto actual.

Oostpoort

En resumen, una ciudad que me ha encantado a pesar del cielo plomizo. Como curiosidad y, para aquel que quiera ver algo más sin moverse de casa, aquí se rodó la película “La joven de la Perla” cuya historia transcurre en Delft durante la época del pintor Johannes Vermeer.