No son gigantes, son molinos

Desde hace muchos siglos los holandeses han ido desarrollando tecnologías para controlar el nivel del agua ya que parte del país se encuentra por debajo del nivel del mar. Su afán de crecer a costa de ganarle terreno al agua les ha llevado a desarrollar soluciones de ingeniería impensables en otras naciones.

 

Los terrenos antiguamente sumergidos reciben el nombre de Polders. En el siglo XIV, los habitantes de Alblasserwaard cansados de sufrir continuas inundaciones en su polder, excavaron canales hasta Kinderdijk con objeto de descargar el exceso de lluvia sobre el río Lek. Un par de siglos más tarde, ante la evidencia de que los canales no eran suficiente construyeron molinos en sus riberas para desaguar mayor volumen.


Kinderdijk cuenta con 19 molinos en hilera formando una impresionante postal que atrae a numerosos turistas. La construcción de los primeros 16 se produjo entre 1738 y 1740. El paisaje apenas ha cambiado con el tiempo aunque la labor de drenaje que antes realizaban los molinos ha sido asumida por modernas estaciones de bombeo.



Este lugar es más que un bonito paseo entre canales y molinos, supone un símbolo para los holandeses en su constante lucha contra el agua. Por esta razón, en 1997 la Unesco declaró Kinderdijk como Patrimonio de la Humanidad.


Hoy en día la mayoría de los molinos están habitados. Se ven casas a los pies de cada uno y sus moradores realizando las típicas tareas de alguien que vive en una casa normal con un “molino en el jardín”.