Otro paseo por... Amsterdam

Para ser sincero tengo sentimientos encontrados sobre Amsterdam. Está considerada como la capital europea más “cool” y no hay nada como pasear por el centro para darse cuenta de ello. Pero muchas veces sucede que las expectativas no se corresponden con la realidad y, en mi caso, pensando como pienso que es una ciudad muy interesante no puedo evitar sentir cierta decepción. No se me entienda mal, áquellos que vengan a Holanda deben visitarla al menos un día. Ahora bien permanecer más de dos jornadas ya es otra historia. Amsterdam no ofrece nada distinto de lo que ofertan otras ciudades holandesas con la diferencia de que está abarrotada de gente.

Como ésta no era la primera vez en Amsterdam tratamos de visitar lugares no vistos por el objetivo de la cámara. Cuando se va acompañado es inevitable repetirse pero una vez más salimos airosos del envite. En esta ocasión nos acercamos en coche y cumpliendo la máxima de no aparcar en el centro (por eso de no gastarnos en parking lo que podemos invertir en un buen banquete), dejamos el coche en uno de los Park and Ride que te acercan en transporte público a la Central Station.

Al llegar nos dirigimos hacia el Barrio Rojo para visitar un lugar de nombre curioso, la Iglesia de Nuestro Señor del Ático (Ons’ Lieve Heer op Solder). Su historia comienza después de la Rebelión Protestante de 1578 cuando los católicos “cayeron en desgracia”. Éstos se vieron forzados a practicar su religión a escondidas y en 1661 transformaron la casa de Jan Hartman, un rico comerciante católico, en una iglesia. Los feligreses entraban por una puerta situada en el callejón lateral y subían una estrecha escalera para acceder a la iglesia oculta en la tercera planta. Lamentablemente lo que iba a ser una visita especial se transformó en desilusión ya que estaban de reformas. A cambio conseguimos un precio reducido.

 Altar mayor

 Confesionarios
Eran las once de la mañana y ya que estábamos en pleno Barrio Rojo nos dimos un paseo para ver su movimiento a esas horas. Llegamos a la Plaza Nueva donde pudimos ver los primeros indicios de un mercado callejero y Den Waag, la báscula. Esta construcción del siglo XIV con forma de castillo albergó en tiempos remotos la Casa Pública del Peso y como ocurrió con la que vimos en Delft hoy acoge un cafetería-restaurante.

Den Waag

En la Plaza Dam se encuentra el museo de Madam Tussauds, una atracción que no puedo dejar de recomendar. Se trata del museo de cera de la ciudad. Comienza el tour con un gigante que nos cuenta la historia de Holanda. En la siguiente sala, tras el discurso, nos topamos con los primeros muñecos cuyo realismo nos lleva a dudar si realmente son objetos inanimados.

Lo que viene a continuación es todo un espectáculo, el pasaje del terror. Antes de entrar avisan que no pasan ni menores de 12 ni personas con problemas de corazón. Esa "fanfarronada" adquiere pleno sentido entre susto y susto. ¡Qué pasada!. Con el corazón todavía a mil por hora pasamos a las salas de personajes famosos.

Aquí con una amiga

Freddy Mercury (Queen)

Una muy joven Elisabeth Taylor
La pareja de moda 

Tras los sustos y las emociones nuestro estomágo nos recordó que era hora de comer así que nos dirigimos al Magna Plaza. Este edificio de finales del XIX, ubicado detrás del Palacio Real, albergaba la Oficina Central de Correos. Cien años más tarde sus arquitectos no lo reconocerían ya que en 1992 fue reinaugurado como un gran centro comercial con mucho estilo.



Una vez repuestos nos dirigimos al 263 de Prinsengracht para cumplir con la visita número uno de la ciudad, la Casa de Ana Frank. Algunos nos quedamos fuera ya que a pesar de su interés tampoco es cuestión de  financiar la próxima reforma. Finalmente, guardamos el mapa y caminamos sin rumbo fijo de vuelta a la estación disfrutando de un gran día soleado.