Trabajar en el extranjero

De vez en cuando recibo en mi buzón algún correo electrónico pidiéndome consejo o ayuda para trabajar en el extranjero. No es difícil imaginar que este deseo aumenta debido al fraude, perdón, quiero decir, chantaje al que está sometido el país. Este chantaje, o como los gobernantes caraduras que se gastan nuestro dinero llaman crisis económica, lleva a algunos hacer locuras como la de aquel tipo que se presentó en Noruega con doscientos y pico euros en el bolsillo y sin hablar ni una palabra de noruego (EL PAIS: Atrapados en el norte).

Lejos de lo que nos cuentan programas como Españoles por el mundo, y demás morralla televisiva, salir al extranjero no es hacerse amigo de Alicia en el País de las Maravillas. Lo que esos programas sacan es puro cuento. Gente que se ha casado con algún extranjero y ha emigrado (no al revés), gente cualificada con contrato bajo el brazo y alguno con suerte.

Lógicamente no sacan las miserias y la vida de la gente real. Ésa que vive como estudiantes en pisos compartidos. Que gana lo suficiente para pagarse todo y vivir muy modestamente. Tampoco veo a los desarraigados que tristes suspiran por volver pero que sienten que ya “ha pasado demasiado tiempo”. Viendo esos programas es sorprendente lo felices que somos los que vivimos fuera.


Más allá de esta queja contra esos programas insoportables (si quiero ver una ciudad me pongo el canal Viajar o me compro una guía de Lonely Planet), para mí todo se resume un sólo consejo.

1. Salir al extranjero sí, pero con un contrato bajo el brazo.


Ésta es mi única recomendación y realmente engloba todas las condiciones que aseguran una buena calidad de vida. Por supuesto no al nivel de “Españoles por el mundo”.

Si consigues un contrato es porque hablas el idioma del país (o al menos inglés), tienes la formación suficiente y, sobre todo, tú eres quién decide qué hacer (no tragas con cualquier trabajo basura porque una vez fuera no te queda más remedio que aceptarlo todo). Estoy harto de ver gente en trabajos que no haría en su propio país y encima por un salario bajo para el coste de vida local.

Salir al extranjero no es para sufrir, es para mejorar y éso sólo se consigue con una buena preparación y unos objetivos claros. Salir a la aventura es comprar muchas papeletas para acabar peor de cómo estamos.